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Being Diagnosed with Parkinson's

Diagnóstico de Parkinson

El diagnóstico de Parkinson puede ser una experiencia inquietante y desoladora. Convivir con la enfermedad es un reto que puede sacar lo mejor y lo peor de nosotros.

Como en cualquier situación difícil que nos traiga la vida, aprender a desafiar y gestionar el Parkinson con frecuencia puede ser frustrante y agotador, pero también puede potenciar otras capacidades y que descubra una fortaleza en usted que no sospechaba que tenía.

Hay gente que de entrada no afronta el Parkinson demasiado bien, pero pasado un tiempo, la mayoría de los pacientes aprenden a mantener una buena calidad de vida durante muchos años, e incluso inspirar a otras personas con su valentía.

Antes de aprender a enfrentarse al Parkinson, los pacientes pasan por diversas fases de conmoción y rabia. Algunas personas intentan enfrentarse a ella fingiendo que el problema no existe, mientras que otras están desesperanzadas y deprimidas.

Sin embargo, la mayoría acaban aprendiendo a enfrentarse a su manera. Una forma de sentirse con más poder y control es aprender sobre la enfermedad y las diferentes estrategias médicas y no médicas, para abordar mejor los síntomas.

Los síntomas de la enfermedad de Parkinson con frecuencia fluctúan a lo largo del día. Si está afectado/a por la enfermedad de Parkinson, es más importante que pueda seguir con sus intereses, sean los que sean, en los momentos del día en que se sienta mejor.

Para algunas personas, incluso reírse de algunas de las situaciones raras que puede provocar la enfermedad de Parkinson es una de las formas de enfrentarse mejor a ella.

Sea cual sea su estrategia para aprovechar la vida al máximo, es importante que siempre intente comunicarse lo mejor posible con los profesionales sanitarios que le ayudan, además de con sus amigos y sus seres queridos.

Para quienes le rodean, el impacto de la enfermedad también es un reto y puede fortalecer o añadir tensión a la relación que tenga con ellos. Aprender a vivir con otras personas sin que el Parkinson interfiera, a veces es difícil.

Cuando las emociones están a flor de piel, se hace más difícil mantener una comunicación abierta y tranquila. Esto se les suele dar mejor a los niños, a los adultos les resulta más difícil ser espontáneos y abiertos.

Por lo tanto, es habitual que los adultos pierdan mucho tiempo y energía guardándose para ellos mismos sus pensamientos y sentimientos, lo que hace que asuman deducciones erróneas sobre lo que pueda estar sintiendo o pensando la otra persona.

Esta actitud bienintencionada que tendemos a adoptar como forma de proteger a los demás, al final puede ser contraproducente, creando barreras y sensación de malestar.

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